jueves, 16 de agosto de 2012

La oscuridad del dormitorio es total, no se ve nada. Sólo se vislumbra, vagamente, una tenue sombra que se mueve. Tiene algo que decirme (…) Estoy contemplando la habitación desde lo alto, como un pájaro imaginario que planeara en un cielo imaginario. Amplío la escena que veo allí, me retiro, la veo desde el aire, vuelvo a acercarme, la amplío. Ni que decir tiene que allí los detalles poseen un sentido, son fundamentales. ¿Cuál es la forma? ¿El color? ¿El tacto? Voy comprobando uno a uno los detalles. Entre uno y otro apenas hay relación. Incluso han perdido su calidez. Lo que ahora hago no es más que un recuento maquinal de los detalles. No es un mal procedimiento. No está mal. Poco a poco se va formando una realidad vinculada a los detalles, de la misma manera que la fricción de unas piedras, de unas maderas, produce al final calor y fuego. De la misma manera que una acumulación casual de sonidos va conformando una secuencia rítmica a través de una repetición monótona aparentemente sin sentido. Puedo sentir la débil aparición del vínculo entre aquella realidad y los detalles al fondo de la oscuridad. Extraído de Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami.

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