domingo, 2 de febrero de 2014

Montruo Salvaje Como un holograma en la luz aparece un ser de otro planeta. Hay un instante rojo en el que el ojo insiste en querer descifrar. No sabés o no te acordás como es el cuerpo de otro, creés, vas dibujando formas por instinto, como si tantearas con las manos, se desdibujan, querés volver a ver, creer más. Lo que pasa ahí y lo que te llevás grabado en la mente está atravesado por tu historia de experiencia personal. Un movimiento lento se transforma en signo de un idioma corporal. De eso a tic nervioso. Toc toc toc, soy un órgano de mi propio cuerpo, no puedo disimularlo. Uno mismo tiene algo de caballo o de pajarito. Sos un monstruo de la naturaleza, un bichito lindo. Algo que no puede guardarse adentro, se despierta. El mismo camino todos los días para todas las cosas se convierte, y te convierte. Tal vez, ya seas diferente. Insiste la sensación de llevarse a sí mismo a cuestas. La velocidad la vuelve una máquina, un motor en funcionamiento. La palabra se metamorfosea en mueca y de ahí en grito. Lapsus: antes de la oscuridad la cabeza contra la pared presiona. No sé, creo que estoy soñando: Oh, es la luz divina del señor, Oh, es una obra de arte contemporáneo, Oh, es un modelo vivo. Miramos. Parece que tiene miedo, parece que se lo quiere sacar todo, parece que lo desparrama. Siempre es buena protección tener un traje rosa, yo también creo. Acá la forma de los movimientos, la combinación y la velocidad cuentan todas las historias que querés, las escuchás de a poquito, de repente se te escapan y se termina. Quedaste ahí. Meli Depetris

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